El punto de partida es siempre un estudio detallado de la boca, con registros digitales que nos permiten analizar la mordida, la alineación y la relación entre los maxilares. A partir de ahí, planificamos el tratamiento de forma virtual, anticipando cada fase del movimiento dental antes de colocar el primer alineador.
Durante el proceso, realizamos revisiones periódicas para comprobar que los dientes evolucionan según lo previsto y ajustamos el plan si es necesario. Este seguimiento clínico continuo es clave para lograr resultados estables y funcionales, más allá del aspecto estético.