El punto de partida siempre es una valoración detallada. Analizamos cómo se mueve la mandíbula, la relación entre los dientes, la musculatura facial y cervical, y la historia del dolor. En muchos casos, el problema no está en una sola estructura, sino en la suma de pequeños desajustes mantenidos en el tiempo.
Tras el diagnóstico, planteamos un plan personalizado. La férula de descarga suele ser una de las primeras herramientas, diseñada a medida para equilibrar la mordida y reducir la sobrecarga articular y muscular durante el descanso. Su ajuste y seguimiento son clave: no todas las férulas sirven para todos los casos, y su control periódico marca la diferencia.
Cuando el dolor tiene un componente muscular importante, trabajamos de forma coordinada con fisioterapia especializada en ATM. Esta combinación permite mejorar la movilidad, disminuir la tensión y recuperar patrones de movimiento más funcionales.
En situaciones más complejas, como bloqueos articulares persistentes o procesos inflamatorios que no responden a tratamientos conservadores, valoramos técnicas de cirugía maxilofacial mínimamente invasivas, como la artrocentesis o la artroscopia, siempre con criterios clínicos claros y bien definidos.